Miraolas es una increíble excepción en esta regla que hace a la formula del buen comer.
Sobre la avenida Vitacura, este restaurante armado en una antigua casa de dos pisos pone el primer gran obstáculo a cualquier comensal; el estacionamiento es un verdadero dolor de cabeza.
Con mesas pequeñas y sin suficiente espacio entre ellas, una rustica y austera decoración, un correcto servicio y precios realmente elevados, pone todo para ser una noche olvidable e irrepetible (bajo el inequívoco concepto de no volver nunca más).
Nada más lejos a la realidad, porque todas estas graves desventajas se superan con dos simples cosas; una carta de vinos de gran nivel y una cocina exquisita.
Llegó a nosotros demasiado frío y en un balde con hielo como si se tratara de un vino blanco, pero con solo dejarlo sobre la mesa gano temperatura y la admiración de los mortales que ahí estábamos.
Las, porque fueron dos.
Unas machas a la parmesana de locura; no sé realmente como describirlas. Frescas, en su punto justo, sabrosas ...... espectaculares !!!!!!!
Una porción bien servida que de haber sabido que eran TAN buenas, me habría pedido otras como plato principal y unas más como postre.
Las almejas marineras también estaban particularmente deliciosas; pero siempre es difícil destacar cuando se esta junto a la más linda del grupo. Eso sí, ni el jugo en el que llegaron inmersas se salvo.
Si bien las entradas llegaron rápidamente, los platos se hicieron esperar un buen tiempo y eso dio cuenta del vino.
Un Terrunyo Carmenère del 2009. Para mí, es el vino ineludible para aquellos que quieren conocer a esta cepa. Un verdadero VINAZO.
La discusión para encontrar Carmenère de calidad superior, incluso en la misma bodega, es lógica e incluso real, pero a este precio ......... difícil.
Mi plato era un verdadero manjar; una merluza austral a la Koskera. Se trata de un plato tradicional de la cocina Vasca, que si bien se encuentra cargado de ingredientes es ligero y realmente sabroso.
Claro que no siempre se gana. No en todo, al menos.
Todo estuvo acompañado con una ensalada mixta marina de abundantes proporciones y un puré con picante que no tenia desperdicio.
Lo malo de tomar más de una botella de vino, es que no se puede dejar ni una gota; no solo sería una ofensa al enólogo que tanto trabajo para nuestro deleite, también seria una ofensa para uno mismo, y no hay nada peor que alguien que no sabe disfrutar. Para no tener excusa y poder beber sin culpa llego el postre.
Profiteroles. Esas maravillosas bolas elaboradas con pasta choux rellenas de crema y chocolate, bañadas por un alucinante chocolate caliente que termino de redondear una gran noche.
Si de mí dependía, me abría pedido otra botella de tinto (no me tocaba manejar), pero esa es la mayor contra en el abusivo recargo que se le hace a los precios en los vinos; la cuenta final hace prohibitivo el consumo.
Sin duda Miraolas tiene ese encanto, esa magia en su comida que hace, incluso, que la incomodidad sea una de las anécdotas que suman ingredientes a la gastronomía en Santiago de Chile.
Volveré por más, sin duda alguna. En el fondo, soy un masoquista que adora el buen comer y mejor beber.
Dios Toma Malbec
Juan mayou (@juanmayou)
Juan mayou (@juanmayou)
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